Recomendaciones para manejar rabietas y pataletas

Cuando nuestros niños se acercan a los dos años (mejor conocidos como los “terribles dos”) notamos como empiezan a afianzar su independencia e imponer su voluntad. Dicen “no” con más frecuencia y se frustran cuando las cosas no suceden como desean o esperan. Es ahí cuando la preocupación de cómo manejarnos ante sus rabietas o pataletas aparece.

Lo primero que debo decir es que las rabietas, como explica el pediatra español José María Aparicio en su libro “Tú eres la mejor madre del mundo”, “son parte normal del desarrollo neuroemocional de los bebés”. Suelen iniciarse en torno al año y hacerse más frecuentes e intensas alrededor de los dos años para luego ir disminuyendo y desaparecer por completo entre los cuatro y cinco años.

Lo segundo que es importante recalcar es que cada niño y cada familia es diferente y cada quién debe encontrar lo que mejor le funciona. Como mamá de dos niños, de cuatro años y un año, y periodista especializada en maternidad y crianza, comparto de acuerdo a mi experiencia.

Existen muchos métodos para manejar las pataletas y con frecuencia son contrarios entre ellos. Algunos insisten en ignorar la conducta hasta que desaparezcan, otros se basan en el “tiempo fuera” que no es más que “apartar al niño de la situación” y dejar que se calme a si mismo por un tiempo determinado.

En mi caso, lo que mejor ha funcionado es la “empatía”, es decir, intentar “mirar” la situación desde el punto de vista de mis hijos. Esto no significa dejarlos hacer lo que quieran, sino “ayudarlos” con sus emociones. Los niños no hacen rabietas y pataletas porque desean “retar” nuestra autoridad, lo que sucede es que no tienen las herramientas para poder expresarse de otra manera.

Todos nos enfrentamos a situaciones molestas en nuestras vidas, lo que pasa es que los adultos tenemos más herramientas para poder expresar nuestro descontento y aún así en ocasiones gritamos, lanzamos la puerta o colgamos el teléfono de forma abrupta. Esas son pataletas “socialmente aceptadas”.

Sin embargo, antes de explicar qué hacer cuando estamos frente a una rabieta, es importante aprender a evitarlas. Para esto comparto cinco sugerencias:

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  1. Establecer límites claros pero necesarios. Con frecuencia los padres abusamos de los “no”. “No puedes comer dulces”, “No puedes jugar con el control remoto”, “No puedes saltar en la cama”. Ante esto es válido preguntarnos cuáles límites podemos flexibilizar y cuáles no. Aquellos que ponen en riesgo la salud o bienestar de nuestro hijo u otra persona no son negociables. Supongamos que nuestro hijo hace una rabieta porque quiere un dulce que tenemos en casa, podríamos entonces negociar que lo coma después de cena. En caso de que no queramos que coma dulces en lo absoluto lo mejor será no tenerlos en casa y ofrecerles una fruta u otra alternativa.
  1. Satisfacer sus necesidades básicas. Las “patelatas” suelen intensificarse cuando los niños están hambrientos, con sueño o irritables (que puede ser consecuencia de las dos previas). Por eso es importante respetar las rutinas y horarios de nuestros pequeños y satisfacer todas sus necesidades.
  1. Mantener una buena comunicación. Independientemente de la edad es fundamental explicarle a nuestros bebés y niños todo cuanto sucede. El papel de los padres, sobre todo en la primera infancia, es como el de una especie de “traductor” que los ayuda a “interpretar” el mundo a su alrededor. Nuestros hijos construyen su realidad a partir de nuestra mirada. Sobre todo debemos explicarles los cambios o las situaciones que le generen ansiedad como un viaje o el comienzo de la guardería.
  1. Ajustar nuestras expectativas. Muchas veces los padres tenemos expectativas “irreales” sobre el comportamiento de nuestros hijos. Por ejemplo, vamos a hacer alguna diligencia “fastidiosa” en un banco u de otro tipo y esperamos que nuestro chiquitín de dos años se mantengan tranquilito, sentado, sin moverse, sin levantar la voz. Esto sencillamente no es posible. Para los niños de esa edad el movimiento no es un capricho, es una necesidad.
  1. Evitar “desencadenantes”. Quienes somos padres sabemos que hay circunstancias específicas que “alterarían” hasta al más calmado de los niños; como una juguetería, una tienda de dulces o algún objeto “prohibido o peligroso” a la vista. Lo más “sano” para todos es evitar esas “tentaciones”. No dejar ese tipo de objetos a su alcance, no pedirles que nos acompañen a una juguetería a comprarle un regalo a su amiguito y pretender que no pidan nada. Es cierto que es importante que aprendan autocontrol, pero ese es un aprendizaje progresivo.

Ahora bien, imaginemos que la pataleta está “en curso”. El niño está en el suelo, llorando y posiblemente lanzando golpes. ¿Cómo procedemos?

Cuando mi hija Alana tenía año y medio, un fin de semana fuimos, mi esposo, ella y yo, a un café en el que había mucha gente. Inmediatamente que entramos comenzó a llorar y a lanzar sus juguetes del coche. Así que antes de que la “situación” escalara me salí con ella del lugar, le canté, la calmé y recordé que tal vez tenía hambre. Acto seguido se quedó dormida y entendí que además de que dos de sus necesidades no estaban satisfechas (hambre y sueño) los “estímulos” que estaba recibiendo (el ruido, la multitud) eran más de lo que ella podía procesar.

Así que ¿Qué hacer?:

  1. Mantener la calma. Lo peor que podemos hacer es desesperarnos, levantar la voz o amenazarlos. Cualquier “estrategia” que les genere más estrés empeorará la situación. Si estamos en un sitio público buscar un área apartada.
  1. Empatizar con el niño. Demostrarle con palabras simples que entendemos su sentir, agachándonos a su altura, hablándole con calma y mostrándonos “accesibles”.
  1. Ofrecer contención. Si se deja, darle un abrazo o un beso. De lo contrario, permanecer a su lado cuidando que no se haga daño (en algunos casos la molestia es tal que pueden golpearse a sí mismo sin querer) y hablándole calmadamente (evitando explicaciones largas pues la frustración no lo dejará razonar).
  1. Ofrecer una alternativa. Supongamos que el niño está llorando porque es la hora de bañarse y quiere seguir jugando. Podemos sugerirle llevar a la ducha algún juguete que se pueda mojar.
  1. Luego de que se calme, conversar sobre lo ocurrido, invitándolo a pensar en alternativas para manejar sus emociones en una próxima oportunidad.

El dato

Chile Crece Contigo, una organización gubernamental chilena, ofrece una gran variedad de recursos on-line para facilitar la crianza. Además su página web www.crececontigo.gob.cl tienen un canal de Youtube llamado Chile Crece Contigo con excelentes videos que explican con ejemplos sencillos qué hacer en este tipo de situaciones. Si se coloca en el buscador “Manejo Respetuoso de las pataletas” aparecerán opciones con sugerencias para manejar las rabietas.

@agobiosdemadre