7 frases que dejé de decirles a mis hijos

Cada vez estoy más convencida de que el camino para un mundo mejor es la práctica de una crianza amorosa y consciente. Con toda la información y las herramientas, tecnológicas y de otra naturaleza, que están a nuestro alcance hoy en día, tenemos mayores oportunidades de criar niños emocionalmente sanos.

Así, en este proceso de “querer hacerlo diferente” he dejado de decirle a mis hijos frases que solemos usar todos los padres pero que lejos de tener para mí un significado valioso, son “clichés heredados” que utilizamos cuando nos quedamos “sin herramientas”. La idea no es culpabilizarnos por usarlas, pues cada familia es diferente, sino tomar consciencia y evaluar si realmente nos benefician. A continuación las enumero (algunas solía decirlas yo y otras todavía las escucho con frecuencia) y ofrezco alternativas.

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  1. “Pórtate bien”. Es una de las frases que más usamos con nuestros niños. Los abuelos la dicen, los maestros la dicen, hasta desconocidos en el ascensor, un avión, o cualquier lugar, la repiten. Suele ser la frase que decimos los padres cuando dejamos a los niños en el colegio; “pórtate bien”; pero hace un tiempo yo la cambié por “diviértete” luego de que a sus dos años mi hija me dijera claramente “¿Mamá qué es portarse bien?”. Actualmente prefiero describir el comportamiento que se espera de ella: “Mi vida, vamos a un restaurante, recuérdate que hay vasos y platos que se rompen, que debemos estar sentadas en la mesa y que si gritamos o hacemos mucho ruido podemos incomodar a los demás”. Sin embargo, esto sólo funcionará de acuerdo a la etapa de desarrollo en que se encuentre el pequeño. Mi hija de 6 años puede estar más de una hora en un restaurante sin tropiezos ni mayor distracción pero con el bebé de 2 y medio debo llevarle juguetes, tener paciencia y estar dispuesta a irnos de ser necesario. Por supuesto que los niños “deben aprender a comportarse” pero esto es un proceso que no ocurre “de la noche a la mañana”.

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  1. “Quédate quieto”. Para un niño pequeño el movimiento es una necesidad, no es un capricho, o una malcriadez. Su cuerpo le pide moverse pues “para eso fue hecho” solo que los adultos lo olvidamos. De niños nos dicen que nos quedemos “quietos” y luego de adultos nos acusan de sedentarios. Si un niño tiene una gran necesidad de movimiento tal vez algún deporte o actividad física lo puede ayudar o quizás podemos adquirir estrategias que le ayuden a orientar su energía. Pretender que no se mueva, no solo es irreal sino además es injusto e irrespetuoso para el pequeño. Claro, cada niño es diferente y algunos necesitarán moverse más que otros. Cuando siento que mis hijos no pueden estar sentados más de cinco minutos les digo “noto que necesitan moverse, vamos al parque” (o les propongo otra actividad física).

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  1. “No fastidies”. Muchos de quienes somos padres de niños pequeños en la actualidad crecimos escuchando esta frase y creo que de toda la lista esta es probablemente la más ofensiva. No la he repetido exactamente pero si he dicho “Alana, que fastidio contigo”. Hace un tiempo me propuse firmemente dejar de decirla e identifica en qué ocasiones y por qué me sentía así. Una vez que entendí las emociones detrás de esa sensación pude comenzar a trabajar en dejar de decir la frase. Si me siento “fastidiada” por algo soy yo la responsable de buscar “la solución” sin necesidad de “achacárselo a una niña pequeña”.

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  1. “Haz caso” (obedece). Cuando Alana tenía dos años una vez le dije esta frase y su respuesta fue “¿Mamá, dónde está el caso?” Es igual de confusa que “pórtate bien” pero además pienso a los niños hay que explicarles el por qué de los límites y no obligarlos ni decirles “porque lo digo yo”. Es decir, por supuesto que es importante “respetar a los adultos” pero las reglas deben ser respetuosas de las necesidades del niño. En casa eliminamos de nuestro vocabulario la palabra “obedecer” porque creemos que cuando las necesidades (emocionales y de todo tipo) de los niños están cubiertas, no hay razón para “llamar la atención” con sus conductas.

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  1. “Se bueno”. “Bueno” y “malo” son conceptos relativos y más que nada son etiquetas. Igual sucede con las emociones. No son ni buenas ni malas, simplemente son y es importante experimentarlas todas para posteriormente saber manejarlas. Los adultos tenemos ideas equivocadas de lo que es un “niño bueno”. Creemos que es un niño que se queda sentado cuando se le dice, que no demanda demasiado, que es siempre amoroso, que dice que sí, que no levanta la voz. Y esto no siempre es cierto.

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  1. “Cómete todo”. La maternidad y la nutrición están estrechamente relacionadas, después de todo, es de mamá, por lo general, de quién recibimos el primer alimento. Pienso que la relación que establezcan nuestros hijos con sus alimentos estará determinada en buena medida por los hábitos y las creencias que practiquen en casa. Yo cambié “cómete todo” por “come lo que necesites y escucha a tu cuerpo”. Es importante chequear con el pediatra el peso y la altura así como el desarrollo del niño en general, pero si todo está en orden no hay razón para preocuparse de que “coma poco”. Si tenemos alimentos saludables en casa y nos encargamos también de nutrir el alma de nuestro hijo, y no sólo su cuerpo, las probabilidades de éste de crecer sano y feliz son mayores.

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  1. “¿Cuántas veces te lo tengo que decir?”. Si lo tenemos que decir tantas veces probablemente la indicación no está siendo comprendida u “oportuna”. Tal vez, debemos hacer algo más que decirlo con palabras. Por ejemplo: establecer consecuencias directas de la decisión. Si le pedimos que vaya a ducharse y no va sino después de un rato, entonces puede que eso le quite tiempo a alguna actividad de su gusto como ver un rato de televisión o leer un cuento. También es importante, que más allá de “dictar órdenes” establezcamos diálogos respetuosos y abiertos. En un clima de “cordialidad” es más fácil hablar de ciertos tópicos. Una alternativa a esa frase podría ser: “Me gustaría ayudarte a ‘cumplir con este objetivo’. Déjame saber si me necesitas para alcanzarlo”.

El dato 

Una gran herramienta a la hora de criar son los libros. En este sentido, recomiendo ampliamente los de Isabelle Filliozat, Laura Gutman y Alice Miller. En Instagram, bajo el hashtag #LaBibliotecaDeAgobios, se pueden encontrar reseñas y frases de algunos de ellos.

@agobiosdemadre